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Cruzar menos para evitar preguntas: la nueva realidad laboral entre Tijuana y San Diego

CALI - BAJA

12-01-2026


Foto: Baja News

Foto: Baja News

Redacción BajaNewsMx
Miguel Santiago| BajaNews
Publicado: 12-01-2026 15:19:41 PDT

Expertos advierten cambios en la dinámica fronteriza mientras la región apuesta por infraestructura y cruces de cuota rumbo a 2026

La relación entre Tijuana y San Diego atraviesa un momento de ajustes, de decisiones cotidianas que están modificando la vida de miles de trabajadores transfronterizos. Cada vez más personas optan por cruzar menos, quedarse del lado estadounidense varios días o incluso replantear su rutina laboral para evitar interrogatorios prolongados al regresar.

 

Así lo expuso Mario López, presidente de The Border Group (TBG), durante un encuentro con medios en el que se analizaron los retos y oportunidades de la relación binacional con la vista puesta en 2026.

 

“Sí hemos visto una disminución de personas que cruzan para trabajar”, explicó. “Muchos prefieren quedarse más tiempo en San Diego y no cruzar diario, sobre todo quienes tienen green card o permiso de trabajo. Hay miedo a ser cuestionados de más, a una mayor indagatoria”.

 

Aunque López aclaró que no ha habido cambios formales en la política migratoria, el ambiente de incertidumbre ha sido suficiente para alterar los flujos cotidianos. Algunos trabajadores han reducido sus cruces simplemente para evitar contratiempos que puedan poner en riesgo su estatus migratorio.

 

En paralelo, la región sigue apostando por grandes proyectos de infraestructura que prometen aliviar la presión en los cruces fronterizos. Uno de los más relevantes es la nueva garita de Otay Mesa Este, conocida también como Otay Mesa 2, una obra que del lado mexicano está prácticamente terminada.

 

Se trata de una de las inversiones más grandes realizadas en una aduana mexicana en años recientes. El proyecto, planeado desde hace más de dos décadas, cuenta con el terreno asegurado desde hace tiempo y fue impulsado durante la administración federal anterior hasta alcanzar más del 95% de avance en su infraestructura.

 

Del lado estadounidense, sin embargo, el panorama ha sido distinto. La obra no depende del gobierno federal, sino de autoridades estatales y regionales de California, en coordinación con agencias de planeación. Aunque ya comenzaron trabajos preliminares, como el movimiento de tierra, la construcción aún enfrenta etapas clave de negociación y desarrollo.

 

“Más de 500 millones de dólares se han destinado a rutas de acceso, freeways y vialidades del lado americano”, detalló López. “Es un proyecto prioritario para la región, porque México ya cumplió. Entre más pronto se use esa infraestructura, más se va a despresurizar el resto de los cruces”.

 

Uno de los elementos que marcará el futuro de esta garita es que será de cuota, tanto para carga como para vehículos particulares. No es una idea nueva, pero sí una apuesta que genera debate. Para TBG, el éxito del cruce dependerá de una pregunta básica, ¿cuánto vale el tiempo de quien cruza?

 

 

“Hay personas que están a la una, dos o tres de la mañana durmiendo en su carro para poder cruzar”, señaló López. “¿Cuánto valen esas horas perdidas? Mucha gente está dispuesta a pagar por cruzar más rápido, y eso ya se ve con los carriles médicos o express”.

 

Estos carriles, utilizados principalmente por turistas, estudiantes y algunos trabajadores, se han convertido en un termómetro de la demanda real por cruces más ágiles. Sin embargo, no todos califican para programas como Sentri o Global Entry, lo que deja fuera a una parte importante de los llamados commuters.

 

De acuerdo al experto, existen alternativas, como la green card tipo commuter, que permite usar carriles rápidos, pero con un costo a largo plazo: quienes optan por esta modalidad dejan de acumular tiempo para solicitar la ciudadanía estadounidense. Por esa razón, muchos prefieren no cambiar su estatus.

 

Ante este escenario, incluso el Ayuntamiento de Tijuana analiza esquemas para aprovechar mejor los carriles médicos y facilitar el cruce de trabajadores que hoy no tienen acceso a los programas ágiles, una señal de que la presión fronteriza ya no es solo un tema binacional, sino también local.