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¿Por qué muchas mujeres abandonan la terapia tras vivir violencia?

VIDA Y ESTILO

04-02-2026


Foto: Web

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Redacción BajaNewsMx
Miguel Santiago| BajaNews
Publicado: 04-02-2026 09:59:16 PDT

Especialistas advierten que dejar el acompañamiento psicológico no es falta de voluntad, sino parte de un proceso marcado por el trauma, el miedo y la presión social

Cuando una mujer decide buscar ayuda psicológica tras vivir violencia, el primer paso suele ser el más difícil. Sin embargo, para muchas, el verdadero reto es sostener el proceso terapéutico, comentan especialistas. Lejos de tratarse de desinterés o falta de compromiso, el abandono de la atención profesional responde a una compleja red de factores emocionales, relacionales y sociales.


Así lo explica la psicóloga Fátima Ovando, especialista en el área clínica y cognitivo-conductual, quien desde su experiencia profesional ha acompañado a mujeres que atraviesan procesos de duelo vinculados a relaciones violentas. “Existe la idea de que si una mujer deja la terapia es porque no quiere salir de la situación, y eso no es cierto”, señala.

 


Uno de los principales obstáculos, explica, es la normalización de la violencia. Muchas mujeres crecieron observando dinámicas similares en su entorno familiar o social, lo que lleva a asumir el maltrato como parte natural de una relación. A ello se suman sentimientos de culpa y vergüenza, el temor a ser juzgadas y el miedo a represalias, especialmente cuando la violencia puede escalar o poner en riesgo a sus hijos.

 

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Ovando describe este fenómeno como apego traumático, una relación marcada por ciclos de violencia, reconciliación y promesas de cambio que generan ambivalencia emocional. “Quieren ayuda, pero al mismo tiempo desean que la relación mejore”, explica.

 


A este desgaste se añade una autoestima deteriorada y un profundo cansancio emocional. “La violencia consume energía. Sostener un proceso terapéutico cuando se vive bajo estrés constante resulta sumamente difícil”, apunta la especialista.


La manipulación, el chantaje emocional y el llamado gaslighting suelen aislar a las mujeres de sus redes de apoyo, dejándolas sin referentes externos que las impulsen a continuar. En muchos casos, incluso la familia contribuye a la presión. Frases como “aguántate”, “piensa en tus hijos” o “el matrimonio es para siempre” siguen pesando en contextos culturales donde la violencia se minimiza.


En el plano estructural, la falta de recursos económicos y la dependencia financiera se convierten en un freno decisivo. Cuando hay hijos de por medio y la mujer no cuenta con ingresos propios, la posibilidad de romper con la relación violenta (y sostener un tratamiento psicológico) parece lejana. A ello se suma la dificultad para acceder a servicios adecuados, la atención poco empática y la desconfianza en las instituciones.

 


La especialista subraya que el trauma altera la memoria, la toma de decisiones y la constancia. Por ello, muchas mujeres interrumpen y retoman la terapia varias veces, del mismo modo que pueden volver con su pareja. “No es un retroceso ni un fracaso”, afirma. “El proceso no es lineal”.


Entender estas dinámicas, concluye la psicóloga, es clave para dejar de responsabilizar a las víctimas y comenzar a construir entornos de acompañamiento más empáticos, accesibles y realistas, donde pedir ayuda no implique enfrentar nuevas formas de juicio o abandono.