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Gobernar ya no basta

OPINIONES

22-05-2026


Foto: Web

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Redacción BajaNewsMx
Editorial bajanews.mx| BajaNews
Publicado: 22-05-2026 13:14:57 PDT
Actualizado: 22-05-2026 13:38:05 PDT

Por Alberto Rodríguez Martínez

La política contemporánea parece haber desarrollado una nueva prioridad: mantenerse visible, incluso cuando eso empieza a importar más que gobernar.

 

Mientras colectivos de madres buscadoras siguen reclamando espacios de escucha y la diplomacia mexicana atraviesa uno de sus momentos más discretos en el escenario internacional, Palacio Nacional abre sus puertas para recibir al grupo de K-pop más popular del momento. Al mismo tiempo, la Ciudad de México comienza a llenarse de ajolotes gigantes rumbo al Mundial  2026 y, en Nuevo León, Samuel García convierte cada anuncio sobre movilidad, infraestructura o fútbol en una pieza diseñada para circular en TikTok, Instagram o X.

 

Nada de esto es casual

 

Y quizá ahí se encuentre una de las transformaciones más profundas de la política contemporánea: los gobiernos ya no compiten únicamente por legitimidad, capacidad o resultados. Compiten, sobre todo, por atención.

 

Durante décadas, el poder buscó proyectar autoridad y estabilidad, incluso a costa de mantener cierta distancia con la ciudadanía. Hoy ocurre lo contrario: desaparecer de la conversación digital puede percibirse casi como una señal de debilidad política.  En una realidad dominada por algoritmos, el poder necesita mantenerse visible de manera permanente.

 

Por eso los gobiernos producen contenido todos los días. Por eso los políticos hablan cada vez más como influencers. Por lo mismo,  las ciudades comienzan a diseñarse también como escenarios visuales pensados para ser fotografiados, compartidos y comentados.

 

No se gobierna sólo administrando, también se gobierna narrando

 

El problema no es que exista estética en política. La política siempre ha necesitado símbolos, rituales y escenografía. Desde los desfiles presidenciales hasta la televisión del viejo PRI, el poder mexicano siempre entendió el valor de la imagen. La diferencia es que ahora la imagen ya no acompaña a la política: muchas veces la sustituye.

 

En los años ochenta, Neil Postman advertía que las sociedades modernas corrían el riesgo de convertir incluso la discusión pública en entretenimiento. Cuatro décadas después, la política parece haberse adaptado por completo a esa lógica.

 

La dinámica digital premia emoción sobre complejidad, viralidad sobre profundidad y presencia constante sobre reflexión. En ese entorno, un político aburrido puede parecer más vulnerable que un político incompetente.  Lo importante ya no es únicamente gobernar bien, sino generar la sensación constante de que algo está ocurriendo.

 

El Mundial 2026 será probablemente el mejor escaparate para observar esta transformación. México, Estados Unidos y Canadá no solo buscarán organizar un evento deportivo; buscarán construir una narrativa sobre sí mismos. Lo mismo ocurrirá con las ciudades anfitrionas, que competirán por producir imágenes memorables, estampas virales y experiencias emocionalmente consumibles.

 

El espacio público empieza a transformarse en branding. Y la ciudadanía, poco a poco, deja de comportarse únicamente como una comunidad política para actuar también como audiencia.

 

Y es aquí donde aparece una pregunta incómoda: ¿cuánto de esta transformación es culpa exclusiva de los políticos y cuánto responde también a una sociedad que aprendió a consumir la política como entretenimiento?

 

Porque tal vez el verdadero riesgo no sea que los gobernantes actúen como influencers, sino que nosotros también hayamos caído en la trampa de las redes sociales y terminemos premiando a los políticos que mejor entretienen, aunque no siempre sean los que mejor gobiernan.