La batalla ya empezó... y es interna
OPINIONES
02-07-2026
Foto: Baja News
Publicado: 02-07-2026 20:38:35 PDT
Por Alberto Rodríguez Martínez
A primera vista, los 277 registros para competir por las 17 gubernaturas que Morena renovará en 2027 parecen una excelente noticia para el partido. Pocas organizaciones políticas podrían presumir semejante nivel de interés por competir bajo sus siglas. Sin embargo, detrás de esa cifra se esconde una paradoja que suele acompañar a todos los partidos que alcanzan una posición predominante: el éxito también tiene costos.
Porque si algo demuestra este proceso interno es que Morena ya no enfrenta el mismo problema que hace apenas unos años. Antes debía convencer a los ciudadanos de votar por sus candidatos. Hoy enfrenta un desafío distinto: convencer a cientos de sus propios cuadros de aceptar que no serán ellos los elegidos.
Las matemáticas son contundentes. Si 277 personas aspiran a una candidatura y solo 17 la obtendrán, significa que 260 tendrán que asumir una derrota política antes siquiera de que comience el proceso electoral Y en política, pocas cosas generan más resentimiento que una expectativa frustrada.
Toda candidatura produce un ganador, pero también decenas de agravios.
Cada aspirante representa un equipo, una corriente, una red de aliados, liderazgos regionales, compromisos y años de construcción política. Cuando una candidatura se define, no solo se elige a una persona; también se dejan fuera proyectos, aspiraciones y grupos completos. La verdadera prueba para un partido no consiste únicamente en seleccionar al mejor perfil, sino en evitar que quienes no resulten favorecidos terminen convirtiéndose en un problema político.
La historia demuestra que los partidos rara vez se debilitan únicamente por la fuerza de la oposición. Muchas veces comienzan a desgastarse cuando sus conflictos internos sustituyen a los externos. Es una consecuencia natural del poder: conforme disminuye la competencia fuera del partido, aumenta la competencia dentro de él.
Eso explica por qué la verdadera contienda para Morena no ocurrirá únicamente en las urnas el próximo año. Empezará mucho antes, en las mesas donde se decidan las candidaturas y, sobre todo, en la forma en que el partido procese las inevitables inconformidades que esas decisiones provocarán.
Baja California no será la excepción. Conforme se acerque la definición de la candidatura a la gubernatura, veremos multiplicarse los recorridos, las entrevistas, las reuniones, los mensajes en redes sociales y las demostraciones de fuerza. Es parte de la política. Pero también será el momento en que Morena deberá demostrar si cuenta con mecanismos capaces de contener las tensiones que inevitablemente genera un proceso de selección donde las expectativas son mucho mayores que los espacios disponibles.
No se trata de anticipar fracturas ni de anunciar rupturas. La política no funciona con determinismos. Pero sí conviene recordar una regla que se repite con frecuencia: administrar el éxito suele ser mucho más difícil que alcanzarlo.
Paradójicamente, el mayor reto de Morena en esta etapa no será derrotar a la oposición. Será administrar las ambiciones que su propio éxito ha despertado. Porque ganar una elección requiere construir mayorías. Mantener unido a un partido que concentra el poder exige algo todavía más complejo: convencer a quienes pierden de que vale la pena seguir formando parte del mismo proyecto.
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